Animándolo a perseguir sus metas. A no rendirse, brindándole la confianza de que lo puede lograr, cuando fracasa hacerle sentir que es parte del éxito, que de eso aprendemos.
Por naturaleza el adolescente no va a querer trabajar en sus hábitos, pero nosotros los adultos podemos ser un ejemplo de que si se puede lograr pulir nuestro interior para que después se vea la victoria en publico.
Con amor y mucha paciencia.